CÁMARA DE GESELL: EL ÁLBUM DE LAS COSAS APENAS DICHAS  | REVISTA AJKÖ KI No 4

CÁMARA DE GESELL: EL ÁLBUM DE LAS COSAS APENAS DICHAS | REVISTA AJKÖ KI No 4

  CÁMARA DE GESELL: EL ÁLBUM DE LAS COSAS APENAS DICHAS

 

Por: Alfredo Trejos[1]

 

Hay en Cámara de Gesell (2024) una evidente reducción del idioma, la cual confiere a sus textos una ruta entrecortada, pero profundamente legible, cercana, transparente. Quien lea estos poemas notará que Carolina Quintero Valverde elude con notable habilidad, a través de espacios, vacíos y omisiones de elevado carácter técnico, las cosas que abundan, evitando así que lo dicho intoxique la razón y la mirada con densidades inútiles. Sin embargo, esta no es poesía minimalista, pálida: hay en ella un discurso amplio sobre sus temas. Una base de palabras justas y eficaces la cual no se descubre seguido.

En este libro, queda una imagen alentadora de lo que es la poeta Quintero. Con el paso de los años, ella ha podido elegir bien sus páginas, sus acercamientos a la escritura, siempre con la discreción de quien trabaja y piensa con lucidez e inteligencia. Quintero decidió (no sin dolor, no sin cierta amargura) por transportarnos en su libro al entorno familiar –siempre complejo y ambiguo. Un entorno común a casi todos, pues si las familias padecen de algo es de ausencias, desencuentros y desarraigos. Y también, si las familias gozan de algo es de sentido de pertenencia, de nociones de clan, del contexto de la sangre. Sorprende con ilusión que este libro logre un balance tan elegante entre estos elementos.

Además, la autora se adentra en los temas eternos, universales, para enmarcar esas sensaciones, esa galería de la familia con estilo, contenido y contraste. Así el amor, la búsqueda de un futuro, la soledad, el desencanto y la muerte surgen como mensajes inevitables. Todos los poetas estamos expuestos a ese canto recurrente sobre lo que, de forma invariable, nos pesa y nos ahoga. Pero Quintero viene con voz fresca y con capacidad para dar luz y reposo al amor, la soledad, el desencanto y la muerte. También, para plantear de lleno una visita a su casa, a su gente, a los rostros que a veces la salvan y la atenazan.

Este poemario muestra a una autora generosa. Su hospitalidad se mezcla con una sensación poco apacible, ya que abundan los retratos de cosas, personas, calles y edificios, todo y todos impactados por la ausencia y la fragilidad. A lo largo de toda la selección también se percibe cierta actitud muy valiosa: sí, esta es bella poesía, pero nivelada de tal forma que no nos conmueve ni nos deslumbra con candor, con evocaciones simples y de uso común, con moneda muy gastada. Se siente su lectura como un pleno ejercicio de condiciones y búsquedas; es una poesía franca y construida con los privilegios de una autora que hoy se consolida, que ofrece un mundo propio, sólidamente original y orgánico de principio a fin.

En fin, Cámara de Gesell posee un tejido vivo y de muchas consistencias: desde el hueso fuerte y nocturno hasta el músculo ablandado por el tiempo y las caricias. Poemas convincentes, poemas necesarios, poemas que esconden en su sencillez un brillo abarcador. Todo en este libro habla de poesía en esplendor y plenitud. Y lo hace con limpia sensibilidad, en un viaje hacia la forma y el sentido en el que para todo hay un orden y una razón. Carolina Quintero Valverde toma su lugar en la poesía costarricense con una obra que, básicamente, es un rescate de las palabras y un ejercicio de poder creativo en el centro mismo de la literatura. Este libro no se queda en los rincones: busca un punto equidistante en la geografía y desde ahí emite sus signos vitales. La gran poeta norteamericana Anne Sexton -cuyo epígrafe abre el libro de Carolina- decía que «un poema debería servir como un hacha para romper el mar helado dentro de cada uno». Yo agregaría, no sin insolencia, que esa hacha puede ser de metal o de hielo. Las agudas hachas de Cámara de Gesell tienen la suavidad de las plegarias[2].

 

Bibliografía:

Quintero, C. (2024). Cámara de Gesell. Ediciones Perro Azul.

 

 


NOTAS 

[1] Poeta. Con estudios en Antropología y Filosofía en la Universidad de Costa Rica. Obtuvo el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría (poesía, 2012 y 2018). Ha realizado el Taller/Laboratorio Tráfico de Influencias (2013) para el Ministerio de Cultura y el Taller de Escritura Creativa para la Municipalidad de Heredia, en el Centro Cultural Omar Dengo (2018). Ha publicado diez poemarios y dos antologías personales. Omisión de Lejía(2022) y Tazón de polvo (2024) son sus obras más recientes.

[2] Lectura hecha, con breves mejoras hechas para nuestra revista, durante la presentación del poemario Cámara de Gesell (2024) de Carolina Quintero Valverde el 19 de julio de 2024 en el Centro Cultural de España en Costa Rica. *La muestra de poemas para la reseña fue hecha por Yordan Arroyo, quien le solicitó este texto a Alfredo Trejos.