LA AMENAZADA
La langosta, con su violín de viento,
insiste en su cántico morado
como si el pasto tuviera
algo que decir.
Mirábamos el incesto de las nubes
plegadas en su espuma,
ese fundirse y disgregarse
de los cuerpos hermanos.
Así pasan las banderas y los territorios,
las letras en negrita de los diarios,
los equipos de fútbol en la tabla del lunes
como un cielo que no sé descifrar.
Yo conozco el quehacer de los gestos suspendidos:
preguntadme, en otoño,
cuál es el impermeable de las flores
o por qué esa familia de cirros irisados
pactó su primavera con el trueno.
Preguntadme. Pregúntenme.
Ustedes y vosotros.
No importa con qué lengua.
Desde adentro,
una voz sin idioma
repite, como un mantra:
«cuando el amor regrese,
dejarás de escribir».
(En: Los parques interiores, 2023).
ORACIÓN
Duérmete, María,
por todos esos niños que se acuestan
escuchando la pólvora en los ojos.
Es un deber dormir en estas circunstancias
sin olvidar los sueños
que nutren las vigilias.
No tengo sortilegios ni manuales,
María, ni bendito
es el fruto de mi vientre,
ni tú.
Normalísima hija, cuidadora de peces,
recuerda que eres tuya, que yo soy tu pasado,
ahora y en la hora
en que te marches,
amén.
(En: Los parques interiores, 2023).
FRANCOTIRADORES DE SARAJEVO
¿Por qué no vamos
de vacaciones a Bosnia?
Ha sido tu pregunta
de estos años.
Hojeabas la revista Bell’Europa
y andabas por la casa
con un cuadro
del antiguo cementerio judío.
En la foto de la tienda
que reza Cvjecara
las flores germinan en la roca
a través de los impactos
de mortero.
Hay orquídeas en venta,
para los amantes
y los muertos, me decías.
¿Por qué no organizar
un viaje a Herzegovina,
este verano?
Estabas triste a destiempo.
Por entonces
eras solo un muchacho
de familia opulenta
que franqueaba el confín
de los Balcanes
por tumbarse en las playas
sin bombas del Egeo.
Pero es fácil ser lírico
con la tragedia ajena.
Pavonearse entre los símbolos
con temas prestados
sin usar las rodillas
como patas de perro
por burlar a los maquis
del Bulevar Selimovica.
¿Por qué no vamos a Mostar,
aunque sea unos días?
Yo tenía trece años.
El padre de mi amiga
amanecía pegado
a una emisora europea
para oír del asedio,
de su hermano en Markale,
de esa Miss Universo
coronada en un sótano.
Yo escuchaba The Cult
en la otra sala.
La pureza no duele
cuando el mal no nos toca.
Después de Sarajevo
no es posible mirar una criatura
sin vendarse los ojos.
No volviste a insistir.
La llevarás, ahora, de la mano
al osario de tórtolas
del cuadro.
Y todo está en su sitio,
amor,
no te disculpes.
Yo tendré otras montañas.
(En: El cielo entre paréntesis, 2017).
EL CIELO ENTRE PARÉNTESIS
Que las cosas
se acomoden en su molde
no significa
que se hayan vuelto nuestras.
Tal vez quiera decir
que el árbol de la ausencia
ha echado tallos y raíces
en la tierra indicada.
Como a un comensal inesperado,
hay que aprender a dar
el sitio exacto
también al vacío.
(En: El cielo entre paréntesis, 2017).
DESNUDO SENTADO EN UN DIVÁN (MODIGLIANI 1917)
Sigiloso en la insolencia de tus años
con un gesto dijiste
que estábamos
a tiempo, todavía.
Caminan por el lienzo vacío de tus ojos
alacranes perfectos, sin pinzas del dolor.
Junto al interruptor tu puño contra el mío
con el ímpetu
que solo puede dar lo que es verdad.
Efímeras criaturas,
medusas con espigas irisadas en un lago inasible
donde un ciervo bebía tu sudor
y de tu brazo saltaba hacia otro bosque
tatuado por mi piel.
Rodé bajo la cinta sin bordes de tu lengua.
Este bastarse a sí mismo del instante
porque todo lo que cabe en un rayo es infinito.
Fue tan real el desnudo
que si «ser» es decir «ser percibido»
nos trajimos al mundo por el tacto.
Regreso a las pisadas que llevan al origen
escarbando tu cuerpo. Sangro heridas
abiertas de lenguaje
por vértebras de niebla,
paredes sin espejos que refractan latidos
como grietas de cal.
Después,
serenidad que se desborda,
que diluye su calma de fieras en reposo.
El deseo es un pantano escurridizo
pero voy a pensarte
por encima
de esta duración. Si tropezara
en la nieve, la memoria
traería un alarido.
Volvería mi mente a reencontrarte
en este corto vaivén.
Cuando te vayas,
cuando digas «adiós» pero pronuncies,
incrédulo, «hasta luego»,
con esa luz que sabe dar solo la noche,
podré pintar, por fin, tus ojos.
(En: Principios y continuaciones, 2021).
Marisa Martínez Pérsico (Argentina-Italia, 1978): Nació en Argentina. Poeta, traductora del idioma italiano y docente universitaria radicada en Italia en 2010. Sus poemarios: Las voces de las hojas(1998, Primer Premio Nacional de Poesía Río de la Plata II, Argentina), Poética ambulante (2003), Los pliegos obtusos (2004), La única puerta era la tuya (2015), El cielo entre paréntesis (2017), Finlandia (2021), Principios y continuaciones (2021), Las cosas que compramos en los viajes (2022, XXIV Premio Latinoamericano de Poesía Ciro Mendía - Casa de Cultura de Caldas, Colombia), Los parques interiores (2023, XLVIII Premio Internacional de Poesía Rafael Morales, España).
CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).
