MARISA MARTÍNEZ PÉRSICO | REVISTA AJKÖ KI No 4

MARISA MARTÍNEZ PÉRSICO | REVISTA AJKÖ KI No 4

 

 

LA AMENAZADA

 

La langosta, con su violín de viento, 

insiste en su cántico morado

como si el pasto tuviera 

     algo que decir.

 

Mirábamos el incesto de las nubes

plegadas en su espuma,

ese fundirse y disgregarse 

de los cuerpos hermanos.

 

Así pasan las banderas y los territorios,

las letras en negrita de los diarios,

los equipos de fútbol en la tabla del lunes

como un cielo que no sé descifrar.

 

Yo conozco el quehacer de los gestos suspendidos:

preguntadme, en otoño,

cuál es el impermeable de las flores

o por qué esa familia de cirros irisados

pactó su primavera con el trueno.

 

Preguntadme. Pregúntenme. 

Ustedes y vosotros.  

 

                                  No importa con qué lengua. 

 

Desde adentro,

una voz sin idioma

repite, como un mantra:     

 

               «cuando el amor regrese, 

                 dejarás de escribir». 

(En: Los parques interiores, 2023).

 


 

ORACIÓN 

 

Duérmete, María,

por todos esos niños que se acuestan

escuchando la pólvora en los ojos.

Es un deber dormir en estas circunstancias

sin olvidar los sueños

que nutren las vigilias.

 

No tengo sortilegios ni manuales, 

María, ni bendito 

es el fruto de mi vientre, 

ni tú.

 

Normalísima hija, cuidadora de peces,

recuerda que eres tuya, que yo soy tu pasado,

ahora y en la hora 

en que te marches, 

 

    amén. 

(En: Los parques interiores, 2023).

 


 

FRANCOTIRADORES DE SARAJEVO 

 

¿Por qué no vamos

de vacaciones a Bosnia?

Ha sido tu pregunta

de estos años.

 

Hojeabas la revista Bell’Europa

y andabas por la casa

con un cuadro

del antiguo cementerio judío.

 

En la foto de la tienda

que reza Cvjecara

las flores germinan en la roca

a través de los impactos

de mortero.

 

Hay orquídeas en venta,

para los amantes

y los muertos, me decías.

 

¿Por qué no organizar 

un viaje a Herzegovina, 

este verano?

 

Estabas triste a destiempo.

 

Por entonces 

eras solo un muchacho

de familia opulenta

que franqueaba el confín

de los Balcanes

por tumbarse en las playas

sin bombas del Egeo.

 

Pero es fácil ser lírico

con la tragedia ajena.

 

Pavonearse entre los símbolos

con temas prestados

sin usar las rodillas

como patas de perro

por burlar a los maquis 

del Bulevar Selimovica.

 

¿Por qué no vamos a Mostar,

aunque sea unos días?

 

Yo tenía trece años.

El padre de mi amiga

amanecía pegado 

a una emisora europea

para oír del asedio,

de su hermano en Markale,

de esa Miss Universo

coronada en un sótano.

 

Yo escuchaba The Cult 

en la otra sala.

 

La pureza no duele

cuando el mal no nos toca. 

Después de Sarajevo

no es posible mirar una criatura

sin vendarse los ojos.

 

No volviste a insistir. 

La llevarás, ahora, de la mano

al osario de tórtolas

del cuadro.

 

Y todo está en su sitio,

amor,

no te disculpes.

 

Yo tendré otras montañas.

(En: El cielo entre paréntesis, 2017).

 


 

EL CIELO ENTRE PARÉNTESIS

 

Que las cosas

se acomoden en su molde

no significa

que se hayan vuelto nuestras.

 

Tal vez quiera decir

que el árbol de la ausencia

ha echado tallos y raíces

en la tierra indicada.

 

Como a un comensal inesperado,

hay que aprender a dar

el sitio exacto

también al vacío.

(En: El cielo entre paréntesis, 2017).

 


 

DESNUDO SENTADO EN UN DIVÁN (MODIGLIANI 1917) 

 

Sigiloso en la insolencia de tus años

con un gesto dijiste 

que estábamos 

a tiempo, todavía.

 

Caminan por el lienzo vacío de tus ojos 

alacranes perfectos, sin pinzas del dolor. 

 

Junto al interruptor tu puño contra el mío

con el ímpetu 

que solo puede dar lo que es verdad.

 

Efímeras criaturas, 

medusas con espigas irisadas en un lago inasible

donde un ciervo bebía tu sudor

y de tu brazo saltaba hacia otro bosque 

tatuado por mi piel.

 

Rodé bajo la cinta sin bordes de tu lengua.

 

Este bastarse a sí mismo del instante

porque todo lo que cabe en un rayo es infinito.

 

Fue tan real el desnudo

que si «ser» es decir «ser percibido»

nos trajimos al mundo por el tacto.

 

Regreso a las pisadas que llevan al origen 

escarbando tu cuerpo. Sangro heridas 

abiertas de lenguaje 

por vértebras de niebla,

paredes sin espejos que refractan latidos 

como grietas de cal.

 

Después,

serenidad que se desborda,

que diluye su calma de fieras en reposo.

 

El deseo es un pantano escurridizo

pero voy a pensarte 

por encima 

de esta duración. Si tropezara 

en la nieve, la memoria 

traería un alarido.

Volvería mi mente a reencontrarte 

en este corto vaivén.

 

Cuando te vayas,

cuando digas «adiós» pero pronuncies, 

incrédulo, «hasta luego»,

con esa luz que sabe dar solo la noche,

podré pintar, por fin, tus ojos.

(En: Principios y continuaciones, 2021).

 


Marisa Martínez Pérsico (Argentina-Italia, 1978): Nació en Argentina. Poeta, traductora del idioma italiano y docente universitaria radicada en Italia en 2010. Sus poemarios: Las voces de las hojas(1998, Primer Premio Nacional de Poesía Río de la Plata II, Argentina), Poética ambulante (2003), Los pliegos obtusos (2004), La única puerta era la tuya (2015), El cielo entre paréntesis (2017), Finlandia (2021), Principios y continuaciones (2021), Las cosas que compramos en los viajes (2022, XXIV Premio Latinoamericano de Poesía Ciro Mendía - Casa de Cultura de Caldas, Colombia), Los parques interiores (2023, XLVIII Premio Internacional de Poesía Rafael Morales, España).

 

CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).