JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS | REVISTA AJKÖ KI No 4

JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS | REVISTA AJKÖ KI No 4

 

 

Homo matinalis

 

para Xavier Escudero

 

Media hora de snorkel equivale

a la inmortalidad. Entro en el mar

con la memoria del nadador griego

que en su policromía se zambulle

desnudo y confiado. El agua guarda

todo lo bueno que nos merecemos

Otro conocimiento, otro horizonte.

El salto mismo es una promesa.

El mar contiene la resurrección.

Lo demás sobra. Ahora vive el hombre

matinal en un mundo matinal.
Media hora de snorkel, convertido
en uno de los peces, silencioso
rozo la piel de arena con la mano.

Toco el planeta Tierra bajo el agua.
Paso tranquilo entre las rocas, lento
aprendo que en cualquier punto del cosmos
hay sitio para mí.  Voy a la vez

que él, me muevo entre lo que se mueve,

soy elemento, avanzo lentamente
dentro de lo que avanza lentamente.
Fluctúo, me sumerjo, protegido 

por la serenidad, que no es abstracta.

Cristal puro que está como regalo

envuelto en fina malla luminosa
y elástica. ¡Qué danza en las aristas
del azur por las ondas verdeantes!

¡Qué preciosa retícula, romperse

podría en cuánta sal si decidiera

ahora mismo pasar de seda a espuma!

¡Qué interminable túnica inconsútil!

¡Qué ondulación abierta, qué llanura

para que algunos anden sobre ella!

¡Qué lejos del trigal, qué parecido

este campo sin siega, este compacto

lago sin fin que colma la gran curva!
Si fue turbia la noche, si lo hubiera

sido, queda borrada cualquier sombra

en esta dulce transparencia. Entra
la energía solar desde tan lejos,

–atrás la soledad de los espacios–
recién llegada hasta este reino nuevo.

Aquí destella su temprana espada.

Me alcanzan el calor y la frescura.

La rutina contiene –ahora lo entiendo–
la eternidad. Es una de sus formas.
Así será cuando no exista el tiempo.

Encuentro una miríada de peces

que alborota kilómetros de playa.

Son pequeños, son grandes. Me convierto

en uno de ellos. Plata palpitante

que viene y va como constelación

deslumbradora. Estaba aquí mi patria.

Son un animal único, lo somos.

Es un juego la gracia primigenia

de los seres. Y hermoso, estar despierto,

mirar con buenos ojos lo que venga.

Animal en contacto, soy poeta.
No distingo la piel del intelecto.

Media hora de snorkel. Vuelvo al mundo.

Quiero seguir desnudo y confiado.

(En: Confiado, 2015).

 


 

Afortunado

 

Afortunado el hombre que despierta

junto a un treintañero con la barba de oro

al que admira

por la dulzura de sus dones,

y por su integridad y por el gesto

sereno con que afronta lo pequeño y lo grande.

 

Afortunado el hombre que llama compañero

al que comparte todo con él, en un golpe

de amor que repercute en toda su existencia.

Otros en el futuro se amarán como ellos.

 

Afortunado el que puede afirmar que confía.

El que habita junto a un valiente.

El que está protegido por su fuerza cercana

y recibe de pronto una mirada suya.

Aunque son vulnerables, ya son invulnerables.

 

Afortunado el hombre que camina junto a un joven risueño.

(En: Confiado, 2015).

 


 

TORMES MÍO

                                    Para Asunción Escribano

 

Debería ir recto siempre el río.

De un punto en la montaña a otro en el mar.

Ir perpendicular a todo puente

que intente interponerse, que se cruce

en su camino, recto como espada

debería bajar, pero describe

curvas inesperadas. Aquí mismo

abre una. Dibuja. No un atajo,

sino una vuelta que se da con calma

para ver mundo, como da cualquiera

de nosotros que cambia su paseo

en la mañana en la que va sin prisa

porque algo le atrae o porque nada,

por no llegar tan pronto a su destino.

Aquí delante mismo de la casa

traza una hermosa curva y se convierte

en elástico cuerpo rumoroso,

cimbreado en el giro, cuánta gracia

en el trenzado vivo, criatura

transparente, corriente en el abrazo

del ser más simple, un enamorado

que tiene tiempo para todos, piedras,

aves, peces que beben, juncos altos,

injertos de la vida en cristal puro,

y para todos tienes gentileza,

reflejo y forma para cada uno,

vas recortando un arco de frescura

en la corteza del planeta, curva

que pertenece al cosmos, Tormes mío,

¿desde qué punto del espacio puede

verse tu alfanje azul que escinde el cielo

en la ventana abierta? Estoy tranquilo

al verte. Ojalá sea como tú

todo lo que me espera.

(En: Jardín Gulbenkian, 2021).

 


 

LUNES EN EL MUSEO                

                                                                 para José Manuel Abad

 

                             El que en los misterios del amor se haya elevado hasta el punto en que estamos, después de haber recorrido en orden conveniente todos los grados de lo bello y haber llegado, por último, al término de la iniciación, percibirá como un relámpago una belleza maravillosa.

Platón, Banquete

 

Son muy distintos, pero van vestidos

casi igual, con pellizas y con botas

de semibárbaros, quizá vikingos

o celtas actuales. No se muestran

el amor que se tienen, camaradas

en bruto, de otro tiempo, se separan

–no mucho– y se aproximan para ver

juntos un capitel, sentir la fuerza

del mármol, admirar bronce, captar

entre las inscripciones la preciosa

totalidad llamada Magna Grecia,

los púgiles felices –como ellos–

las vasijas oscuras, donde late

la carne de los cuerpos para siempre.

Las monedas que alguna vez compraron

algo y son ya sagradas, las efigies

de raros soberanos helenísticos.

No hay casi nadie en el museo un lunes.

Escoltado por un grupo de atletas

y centauros, como un rey que pisara

un mosaico, en el centro de la inmensa

sala vertiginosamente plena

de belleza y de divinidad,

el menos guapo de los dos se queda

con los ojos cerrados un buen rato.

(En: Nuevo en la ciudad nueva, 2024).

 

 

Dibujo de Arturo Garrido (España, 1993).

Artista de la promoción XXIII de la Fundación Antonio Gala.

 


 

DOMINGO

                                                      para Alberto Fadón Duarte

 

                                                                         En cuanto al principio (...), Tales afirma que es el agua

                                                                                                                         Aristóteles Metafísica

 

                                                                        “Creo en el progreso, sin duda, pero Virgilio dispone de epítetos que ningún escritor moderno posee

                                                                                                                                                                    Thomas Mann, La montaña mágica

 

Está tranquilo el mar y estamos todos

eufóricos al verlo. Los humanos,

alborotados por la transparencia

y los peces también. En lo visible

e invisible su inquieta plata esparce

el tesoro primero. Aquí los mástiles

de los pinos, el bosque de los yates.

El Vesubio, que lo ha olvidado todo. 

La estatua ecuestre, al trote por el cielo,

sobre su trampolín de travertino.

¿A cuántos metros sobre el suelo vuela

el caballo?  Me atrevo a proclamar,

en medio de esto, la inmortalidad

del alma. Y de los cuerpos. Un puñado

de pétalos muy blancos que acabara

de lanzar alguien sobre el mar, están

casi llegando a Capri los veleros.

Sopla el viento latino por la amplia

llanura luminosa intacta y fresca

que fue también para Virgilio agua

pura, y esta mañana sigue suave-

mente latiendo. Hay arena oscura

entre las rocas claras. La belleza

trae la justicia al mundo. Es como el sol.

Nos vuelve a todos bienaventurados.

(En: Nuevo en la ciudad nueva, 2024).

 


 

NADADOR EN PAESTUM

 

Antes de bucear, ya por el aire

vas buceando, cuerpo al cosmos, casi

absoluto, arqueado junco único,

dardo en pleno trayecto, de los dedos

de los pies a los dedos de las manos,

más en la gracia que en la gravedad

tus genitales, pronto bajo el agua

volarás, tres brazadas vigorosas

para emerger y ser galardonado

con la brisa. Por eso, neto atleta,

has dado el salto desde los latidos

hasta el entendimiento. Platón dice

en el Fedro, Filón de Alejandría,

Juan el Evangelista, cuántos siglos

faltan para decirlo y tú lo cantas,

oh delicado fotograma griego,

oh símbolo felizmente lanzado

hasta ver otra vez el sol. Sophia

de Mello Breyner-Andresen lo afirma

con claridad total: Resurgiremos.

En ti vemos el sueño del que duerme,

lo que ahora estás soñando, despertar

siendo cuerpo otra vez, carne que ama,

abrazo y beso en el banquete. En ti

vemos la antelación de la belleza.

(En: Nuevo en la ciudad nueva, 2024).

 


Juan Antonio González Iglesias (España, 1964): Poeta, traductor y pintor español. Doctorado en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca. Es catedrático de Filología Latina y asesor de creación literaria en la Universidad de Salamanca. Ha traducido libros de Ovidio, anónimos romanos, Horacio, Catulo, James Laughlin, Stendhal y Sebastiano Grasso. Ha publicado los poemarios La hermosura del héroe (Diputación Provincia de Córdoba, 1994, Premio Vicente Núñez); Esto es mi cuerpo (Visor, 1997, Premio Jaime Gil de Biedma); Un ángulo me basta (Visor, 2002, Premio Internacional Generación del 27), Olímpicas (El Gaviero, 2005); Eros es más (Visor, 2007, Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe); Del lado del amor (Poesía reunida 1994-2009) (Visor, 2010); Confiado (Visor, 2015, Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Melilla”), Jardín Gulbenkian (Visor, 2019, Premio Jaime Gil de Biedma y Premio de la Crítica) y su más reciente poemario es Nuevo en la ciudad nueva (2024).

 

CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).