Homo matinalis
para Xavier Escudero
Media hora de snorkel equivale
a la inmortalidad. Entro en el mar
con la memoria del nadador griego
que en su policromía se zambulle
desnudo y confiado. El agua guarda
todo lo bueno que nos merecemos
Otro conocimiento, otro horizonte.
El salto mismo es una promesa.
El mar contiene la resurrección.
Lo demás sobra. Ahora vive el hombre
matinal en un mundo matinal.
Media hora de snorkel, convertido
en uno de los peces, silencioso
rozo la piel de arena con la mano.
Toco el planeta Tierra bajo el agua.
Paso tranquilo entre las rocas, lento
aprendo que en cualquier punto del cosmos
hay sitio para mí. Voy a la vez
que él, me muevo entre lo que se mueve,
soy elemento, avanzo lentamente
dentro de lo que avanza lentamente.
Fluctúo, me sumerjo, protegido
por la serenidad, que no es abstracta.
Cristal puro que está como regalo
envuelto en fina malla luminosa
y elástica. ¡Qué danza en las aristas
del azur por las ondas verdeantes!
¡Qué preciosa retícula, romperse
podría en cuánta sal si decidiera
ahora mismo pasar de seda a espuma!
¡Qué interminable túnica inconsútil!
¡Qué ondulación abierta, qué llanura
para que algunos anden sobre ella!
¡Qué lejos del trigal, qué parecido
este campo sin siega, este compacto
lago sin fin que colma la gran curva!
Si fue turbia la noche, si lo hubiera
sido, queda borrada cualquier sombra
en esta dulce transparencia. Entra
la energía solar desde tan lejos,
–atrás la soledad de los espacios–
recién llegada hasta este reino nuevo.
Aquí destella su temprana espada.
Me alcanzan el calor y la frescura.
La rutina contiene –ahora lo entiendo–
la eternidad. Es una de sus formas.
Así será cuando no exista el tiempo.
Encuentro una miríada de peces
que alborota kilómetros de playa.
Son pequeños, son grandes. Me convierto
en uno de ellos. Plata palpitante
que viene y va como constelación
deslumbradora. Estaba aquí mi patria.
Son un animal único, lo somos.
Es un juego la gracia primigenia
de los seres. Y hermoso, estar despierto,
mirar con buenos ojos lo que venga.
Animal en contacto, soy poeta.
No distingo la piel del intelecto.
Media hora de snorkel. Vuelvo al mundo.
Quiero seguir desnudo y confiado.
(En: Confiado, 2015).
Afortunado
Afortunado el hombre que despierta
junto a un treintañero con la barba de oro
al que admira
por la dulzura de sus dones,
y por su integridad y por el gesto
sereno con que afronta lo pequeño y lo grande.
Afortunado el hombre que llama compañero
al que comparte todo con él, en un golpe
de amor que repercute en toda su existencia.
Otros en el futuro se amarán como ellos.
Afortunado el que puede afirmar que confía.
El que habita junto a un valiente.
El que está protegido por su fuerza cercana
y recibe de pronto una mirada suya.
Aunque son vulnerables, ya son invulnerables.
Afortunado el hombre que camina junto a un joven risueño.
(En: Confiado, 2015).
TORMES MÍO
Para Asunción Escribano
Debería ir recto siempre el río.
De un punto en la montaña a otro en el mar.
Ir perpendicular a todo puente
que intente interponerse, que se cruce
en su camino, recto como espada
debería bajar, pero describe
curvas inesperadas. Aquí mismo
abre una. Dibuja. No un atajo,
sino una vuelta que se da con calma
para ver mundo, como da cualquiera
de nosotros que cambia su paseo
en la mañana en la que va sin prisa
porque algo le atrae o porque nada,
por no llegar tan pronto a su destino.
Aquí delante mismo de la casa
traza una hermosa curva y se convierte
en elástico cuerpo rumoroso,
cimbreado en el giro, cuánta gracia
en el trenzado vivo, criatura
transparente, corriente en el abrazo
del ser más simple, un enamorado
que tiene tiempo para todos, piedras,
aves, peces que beben, juncos altos,
injertos de la vida en cristal puro,
y para todos tienes gentileza,
reflejo y forma para cada uno,
vas recortando un arco de frescura
en la corteza del planeta, curva
que pertenece al cosmos, Tormes mío,
¿desde qué punto del espacio puede
verse tu alfanje azul que escinde el cielo
en la ventana abierta? Estoy tranquilo
al verte. Ojalá sea como tú
todo lo que me espera.
(En: Jardín Gulbenkian, 2021).
LUNES EN EL MUSEO
para José Manuel Abad
El que en los misterios del amor se haya elevado hasta el punto en que estamos, después de haber recorrido en orden conveniente todos los grados de lo bello y haber llegado, por último, al término de la iniciación, percibirá como un relámpago una belleza maravillosa.
Platón, Banquete
Son muy distintos, pero van vestidos
casi igual, con pellizas y con botas
de semibárbaros, quizá vikingos
o celtas actuales. No se muestran
el amor que se tienen, camaradas
en bruto, de otro tiempo, se separan
–no mucho– y se aproximan para ver
juntos un capitel, sentir la fuerza
del mármol, admirar bronce, captar
entre las inscripciones la preciosa
totalidad llamada Magna Grecia,
los púgiles felices –como ellos–
las vasijas oscuras, donde late
la carne de los cuerpos para siempre.
Las monedas que alguna vez compraron
algo y son ya sagradas, las efigies
de raros soberanos helenísticos.
No hay casi nadie en el museo un lunes.
Escoltado por un grupo de atletas
y centauros, como un rey que pisara
un mosaico, en el centro de la inmensa
sala vertiginosamente plena
de belleza y de divinidad,
el menos guapo de los dos se queda
con los ojos cerrados un buen rato.
(En: Nuevo en la ciudad nueva, 2024).
Dibujo de Arturo Garrido (España, 1993).
Artista de la promoción XXIII de la Fundación Antonio Gala.
DOMINGO
para Alberto Fadón Duarte
En cuanto al principio (...), Tales afirma que es el agua
Aristóteles Metafísica
“Creo en el progreso, sin duda, pero Virgilio dispone de epítetos que ningún escritor moderno posee”
Thomas Mann, La montaña mágica
Está tranquilo el mar y estamos todos
eufóricos al verlo. Los humanos,
alborotados por la transparencia
y los peces también. En lo visible
e invisible su inquieta plata esparce
el tesoro primero. Aquí los mástiles
de los pinos, el bosque de los yates.
El Vesubio, que lo ha olvidado todo.
La estatua ecuestre, al trote por el cielo,
sobre su trampolín de travertino.
¿A cuántos metros sobre el suelo vuela
el caballo? Me atrevo a proclamar,
en medio de esto, la inmortalidad
del alma. Y de los cuerpos. Un puñado
de pétalos muy blancos que acabara
de lanzar alguien sobre el mar, están
casi llegando a Capri los veleros.
Sopla el viento latino por la amplia
llanura luminosa intacta y fresca
que fue también para Virgilio agua
pura, y esta mañana sigue suave-
mente latiendo. Hay arena oscura
entre las rocas claras. La belleza
trae la justicia al mundo. Es como el sol.
Nos vuelve a todos bienaventurados.
(En: Nuevo en la ciudad nueva, 2024).
NADADOR EN PAESTUM
Antes de bucear, ya por el aire
vas buceando, cuerpo al cosmos, casi
absoluto, arqueado junco único,
dardo en pleno trayecto, de los dedos
de los pies a los dedos de las manos,
más en la gracia que en la gravedad
tus genitales, pronto bajo el agua
volarás, tres brazadas vigorosas
para emerger y ser galardonado
con la brisa. Por eso, neto atleta,
has dado el salto desde los latidos
hasta el entendimiento. Platón dice
en el Fedro, Filón de Alejandría,
Juan el Evangelista, cuántos siglos
faltan para decirlo y tú lo cantas,
oh delicado fotograma griego,
oh símbolo felizmente lanzado
hasta ver otra vez el sol. Sophia
de Mello Breyner-Andresen lo afirma
con claridad total: Resurgiremos.
En ti vemos el sueño del que duerme,
lo que ahora estás soñando, despertar
siendo cuerpo otra vez, carne que ama,
abrazo y beso en el banquete. En ti
vemos la antelación de la belleza.
(En: Nuevo en la ciudad nueva, 2024).
Juan Antonio González Iglesias (España, 1964): Poeta, traductor y pintor español. Doctorado en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca. Es catedrático de Filología Latina y asesor de creación literaria en la Universidad de Salamanca. Ha traducido libros de Ovidio, anónimos romanos, Horacio, Catulo, James Laughlin, Stendhal y Sebastiano Grasso. Ha publicado los poemarios La hermosura del héroe (Diputación Provincia de Córdoba, 1994, Premio Vicente Núñez); Esto es mi cuerpo (Visor, 1997, Premio Jaime Gil de Biedma); Un ángulo me basta (Visor, 2002, Premio Internacional Generación del 27), Olímpicas (El Gaviero, 2005); Eros es más (Visor, 2007, Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe); Del lado del amor (Poesía reunida 1994-2009) (Visor, 2010); Confiado (Visor, 2015, Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Melilla”), Jardín Gulbenkian (Visor, 2019, Premio Jaime Gil de Biedma y Premio de la Crítica) y su más reciente poemario es Nuevo en la ciudad nueva (2024).
CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).
