EMILIA CARABAJAL | REVISTA AJKÖ KI No 4

EMILIA CARABAJAL | REVISTA AJKÖ KI No 4

 

 

LILITH

 

¿Por qué, Padre, si me consagraste hembra,

Si me alzaste del polvo para que fluyera entre las cosas

Y coronase todos tus delirios,

Por qué, digo, me ultrajaste así?

 

¿Por qué me privaste del aullido?

¿Por qué me arrebataste la ferocidad que me encumbraba?

¿Por qué me negaste todas las raíces y me secaste los cauces del instinto?

 

¿Te agrado, acaso, así,

bípeda depilada,

Caricatura de la bestia magnífica que podría haber sido?

 

¿Por qué me privaste del aullido?

A mí correspondía

Un rugido estrepitoso

De hembra desbocada

Ávida incluso en el vacío

 

Pero tengo, en cambio, esta lengua raquítica

 

¿Te complace, acaso, oír mi voz domesticada, extranjera del vasto aquelarre del sonido?

 

Gimo a veces

Cuando como quien dice amo

Y remedo entonces un aullido

Pero se vuelca enseguida al engaño de la articulación

Entonces profiero interjecciones aprendidas en la escuela

O nombro a aquel que como quien dice estoy amando

Con sus nombres más superficiales

Que confundo con los de otros

A quienes como quien dice amo a veces también

 

¿Con qué nombre has de llamarme en el castigo?

 

Aullaré si un día escupo a uno de los míos

Si después de haberme hurgado con desesperación

Y haber engullido menta y aspirinas

Y haber buscado inútilmente en el papel higiénico un atisbo de mi sangre

Y haberme rebajado a rogarte

Por que mi sangre apareciera

Si después, digo, aun así uno de los míos me creciera y tuviese que escupirlo

Aullaría entonces

Hembra plañidera

 

Y daría al vástago un nombre de artificio

Que lo confundiría con otros

 

Y a ti, ¿cómo he de llamarte?

Sabes que guardo en mí tu nombre como un hachazo

Que podría gritarlo hasta que me destierres

Y espantar a tus heraldos en los márgenes de ese exilio

 

No te asombre que blasfeme

No te indignes falsamente

No reniegues de tu erinia

No pretendas sobre todo hacer de mí tu espejo tranquilo

No invoques como buenas intenciones

La brusca ocurrencia de hacer de tu hembra mejor una cordera

No busques mi piedad, Padre

Tú no eres mi hermano

Ni yo tu guardián

 

Yo no soy más que un tajo

Arrancado de la tierra

Y amo

Y sangro

Y gimo

Como puedo

 

¿Por qué me privaste del aullido?

(En: El artista de todas las causas y otras más, selección de poemas y cuentos de Emilia Carabajal y Luciano Rossi, 2019).

 


 

CANCIÓN A LA ESTIRPE

 

¿Qué escribirte, hermano herido,

Jinete despeñado desde las crines del tiempo?

 

No tengo más que aquello que me diste

Tus astucias

Tus modos de bestia temerosa

Una cierta intuición de lo sagrado

 

Te ofrendo, criatura,

El hachazo que en mí descargaste

No apartes la vista

No niegues la hermosura cruel con que marcaste mi carne

Para hacerla un espejo de la tuya

 

No niegues, verdugo,

Que este tajo nos hermana

 

¿Qué escribirte, entonces,

Si es un tajo la lengua en que te hablo?

 

Solo tengo las llagas que me diste

Las fábricas

Los barcos

Los relojes

Este verbo implacable que me hurga

Llaga que labraste sobre la carne del mundo

 

II

¿Qué escribirte, hermana ausente,

Amazona flechada por los días

Niña inmolada en los altares del nombre?

 

Poco tengo de aquello que me diste

Tus pliegues

Tu ternura de bestia

Una cierta desconfianza en lo sagrado

 

Todo de ti me llega roto

 

Te brindo, criatura,

Mi convulsión más íntima

Mi furia mutilada

 

No rechaces mis ofrendas

No olvides que te aprendí en el desamparo

Y no vinieron de ti más que destellos

No olvides, desterrada,

Que en mi exilio te reflejas

 

¿Qué escribirte, entonces,

Si no es nuestro el idioma en que te hablo?

 

En las llagas que porto te asemejo

En la sangre

El ultraje

Los oficios

Todo lo que en mí está roto

 

III

¿Qué decirte, en fin, criatura,

Animal asediado por el tiempo

Espiga geminada del sexo y la consciencia?

 

¿Decirte acaso que te entiendo

Que ya sé

Que fue difícil?

 

¿Qué ibas a hacer, omnívoro,

Si el hambre te siguió como una sombra?

 

¿Qué ibas a hacer, mamífera,

Si tus cachorros te incendiaron como lumbres?

 

¿Qué ibas a hacer si el mundo te acechaba

Y tuviste que nombrarlo?

 

Entonces pienso

En las fábricas

La cárcel

Los ultrajes

Pienso en la sangre y el altar

Y no puedo decirte que te entiendo

 

Ya traspasamos los umbrales de la benevolencia

Y no queda más que aquello que me diste

Los barcos

Los relojes

Los oficios

La lengua

El cadalso

El verso

La casa

La pólvora

El napalm

El pan

La cama

El ungüento

 

Tengo, bestia descarriada,

Tus ardides

Tus pliegues

Tus temores

 

Y tengo tu hambre, tus tajos y tu furia

 

Acéptame en ofrenda,

¡Homínida hipócrita, mi semejante, mi hermano!

(En: Antología A las palabras se las lleva el viento. 27 cartas de amor en papel, 2020).

 


 

BARCE

 

Oscurece en Cartago

El viento arremete

 

Llegan de las calles los pasos y las voces

Y dentro del palacio se alza un rumor

 

Son los nuevos

 

Aquellos que hoy dejaron sus navíos en la orilla

E irrumpieron en el templo

Aquellos que hablan una lengua ignota

 

La reina los oyó

Cual si entendiera

Aprobó sus razones

Y ahora ofrece un banquete en honor a su rey

 

Y por él los esclavos escancian el vino

Y por él los sacerdotes iluminan los altares

 

Ante él brinda sus frutos esta ciudad nueva

 

Y él habla

Despliega su oratoria 

Que mi ama apenas parece descifrar

 

Pero hay algo que entiendo:

Por más que procure mostrarse imperturbable

Hay visiones que lo asaltan como hachazos

Palabras que lo queman

 

Y yo me digo que no es bueno albergar en nuestra casa aquello se agita

No es sensato abrir la puerta a los incendios

 

Dido observa a su huésped

Por él levanta la copa

Y ella, reina desterrada, llora el destierro de otro rey

 

Es extraña la suerte. Hay a quien la tierra de otro depara servidumbre

Y hay quien recibe laureles al llegar

 

Ha de ser que los reyes se distinguen aun en los naufragios

Que su estirpe se conserva en el exilio

Y por ella unos a otros se agasajan

 

Y ha de ser en ese idioma selecto de los nobles

Que Dido y el extraño se comprenden

 

O acaso no

Acaso los ligue un dolor oscuro

Una llaga común los asemeje

Y sea ese el idioma en que se hablen

 

Yo no sé

Sólo veo que el cielo se oscurece

Y oigo un crujir de maderas que llega hasta el palacio

Cada vez que el viento golpea las barcas

(En: Dido, 2021).

 


 

ANA

 

No persistas, hermana, en tus recuerdos

Cuando la vida se impone con el brío del mar

 

¿Por qué te empeñas en que perduren

Palabras que tú misma te impusiste

Para agradar a los muertos y a los dioses?

 

El tiempo y la palabra pertenecen a los vivos

Ni a las deidades inmortales

Ni a los hombres difuntos

 

 Dar promesa a estos es hundir luciérnagas en un abismo

Jurar ante aquellas es lanzar cenizas contra el sol

 

¿Quién sabe, hermana, si te escuchan?

¿Quién sabe, amiga, si te entienden?

 

Observa, más bien, este mundo desbordante

Que palpita de urgencias

De hermosura

De desvelos

 

¿Has visto, acaso?

 

Hay, entre los hombres nuevos,

Un niño de agua

Que se duerme al arrullo del oleaje

Y despierta al luminoso llamado del sol

 

Coronan sus rizos diademas de espuma

Y el esplendor de la arena viste sus miembros

 

Se interna en las olas

Como quien entra a casa

Y sus pies, habituados al vaivén de los navíos,

Pisan temblorosos la firmeza del suelo

 

Aun así, la tierra lo recibe complacida

Y pareciera ablandarse al compás de sus plantas

 

Se abren las ventanas de Cartago

Y asoman miradas expectantes

Que procuran descifrar su misterio de niño

 

Y escrudiñan sus ojos

Que vieron bajo el mar lechos de estrellas

Flores marinas 

Bosques sombríos

 

Se agolpan tras las puertas oídos intrigados por el graznido oceánico de su voz adolescente

Que guarda el estrépito de las tormentas

Junto al silencio pétreo del coral

 

Se colman las calles de manos que se afanan en rozar el oro lánguido de sus dedos

Diez espigas serpenteantes consagradas al sol

Ajenas a la tierra y sus oficios

 

No insistas, hermana, en prolongar tu infortunio

 

Hoy nos llama a las dos la misma estirpe

Deja que Asia renazca en costas nuevas

Permíteme olvidar los rigores del exilio

Y conocer las dichas del himeneo

 

Ya hizo suyas mi niñez tus desventuras

No impongas a mi cuerpo de muchacha

Tu obstinación por viejos sufrimientos

(En: Dido, 2021).

 


 

ASCANIO

 

Ana sabe que yo conozco el mar

Se lo conté esta tarde

Le dije:

"Cuando era pequeño,

Me durmió Neptuno

Me bañaron las ninfas

Proteo me arropó

 

Me asomé a las proas

Corrí entre los muelles

Confié mis secretos a las caracolas

 

Me alumbraron medusas

Me arrullaron nereidas

Me alimenté de peces que me obsequió Tritón

 

Me asustaron los pulpos

Me espantaron sirenas

Me visitaron ahogados a la hora de dormir

Vi en los puertos hombres vendidos como esclavos

Vi al mar tragar un barco y escupir despojos

Oí bestias antiguas aullar de soledad

 

Cuando crecí

Me hundí en las aguas

Y en el fondo azulado abrí los ojos

Las grutas y los monstruos me miraron

Me ungieron las algas

Me perfumó la sal"

 

Ana comprendió

Aceptó mi olor oscuro

No la asombró la aspereza de mis manos

Ni el ronquido que a veces se me filtra en la voz

 

Ana es como yo

En su voz también hay viajes que emprendió por otros

También canta en lenguas que no entiende

Himnos que el exilio le enseñó

 

Una tarde Ana desatará sus trenzas

Su piel promete

Bosques

Campos

Senderos

Cosas que no tuve

 

Todo lo que existe

Distante del mar

(En: Dido, 2021).

 


 Emilia Carabajal (Argentina, 1989):  Nació en la provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1989. Es profesora y licenciada en Letras por la Universidad de Morón. Se ha desempeñado como docente en los niveles secundario, terciario y universitario. También se dedica a la corrección de textos y a la enseñanza de idiomas. En 2019 publicó junto a Luciano Rossi la selección de cuentos y poemas El artista de todas las causas y otras más (Textos Intrusos). Escribió los poemarios Dido (De Todos los Mares, 2021) y El coro desmembrado (autoedición en formato digital, 2023). Textos suyos forman parte de la antología Poetas Argentinas (1981-2000) (Ediciones del Dock, 2023). Ha publicado cuentos, poemas y ensayos de forma virtual, especialmente en el blog Ni Nardos ni Caracolas, que ella administra.

 

CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).