LAS MUJERES EN LA DANZA
La danza es la tierra que germina la semilla.
El agua ancestral en las niñas,
su rostro besado por la abuela luna.
La danza es la medicina
que envuelve los árboles:
llama enlazada a la historia,
ave que visita la niñez.
El círculo en la danza inicia con la abuela.
La energía en las palmas da vida
a la serpiente de luz que destella en el cielo.
El Ööka surge del agua,
su sombra dibuja dos mujeres que cosechan maíz;
la tusa desprendida en el viento
pinta las huellas del jaguar.
Las mujeres danzan,
de sus pies descalzos brota el polvo
que viaja sobre el río,
un polvo enlazado a las abuelas.
Se delinea en el suelo la huella del águila.
El aire se pinta de color camarón.
Los pies toman forma de hoja
y los cuerpos levitan.
Unimos un rezo en conexión
con la música del tambor y el bambú.
Una mujer canta; canta para guiar la raíz
en la semilla que vive en nosotros.
Un canto en el círculo tejido por la araña
que habita en cada mano.
Se puede oír a una mujer en la quebrada.
El agua se convierte en serpiente
y las piedras son hijas de la laguna.
Los jaguares miran y las aves tocan
un tambor lunar.
Llegamos a la quebrada
a ver el canto de los peces debajo de la arena:
Jëkowa ko,
kjöwajë jeng jeng
Songwoybo wa diyo,
böwa tjröwa diyo,
Diyo yro ber ber,
diyo yro shêy jeng jeng
Jëko ko,
kjöwajë jeng jeng
Dbür kjłökyo kjłökyo,
Dbür kjłökyo shrëyde, jeng jeng Jëko ko,
kjöwajë jeng jeng[1]
Las mujeres son el inicio de la danza.
(En: Memoria del hígado, 2020).
NIÑA
Llega una niña
que besa el sol de la mañana,
duerme a la luna llena
con movimientos de hojas de palma.
Una voz ancestral la mece en nidos de pájaros.
Su hamaca es un cuero de tambor
en el que está tallado un jícaro.
Su pelo refleja el camino.
Sonríe al tocar la tierra
y hace brotar la lluvia en nuestro hígado.
Tiene mirada de guía
y nos llevará a la montaña
con las jabas que habitan el horizonte
que vive en los calabazos de agua.
A la orilla del río nos recuerda el lugar
donde se guarda el sol.
La niña se une a los árboles
para aprender de los animales
que están en su maraca.
Su idioma es seguir a la tierra,
ser niña hasta ver florecer
en su vientre
a una mujer Brorán.
(En: Memoria del hígado, 2020).
USHI
El canto del ushi en la montaña
nos recuerda las noches,
el miedo de los niños al dormir.
la batea llena de arroz en la oscuridad,
la sonrisa de las mujeres,
el pilón danzante
con sus brazos alrededor del churuco.
A los abuelos frente al guacal de la chicha fresca
con ese aroma a final de invierno.
El canto de la montaña es imitado
por la madre que duerme
a su niña en sus brazos.
El olor a cacao caliente
acompaña la historia de cada día.
El ushi corre en las montañas
y los niños se toman las manos al cruzar el río.
El día muere con la luna y nace con el sol.
Pero la historia del ushi seguirá viva
en la voz de hamaca
que habita en nuestras madres.
(En: Memoria del hígado, 2020).
SHUNIÓ
La lluvia canta en las hojas
como hormigas de agua.
La sonrisa de mi abuelo se escucha entre sus gotas.
Mi hígado explota
al sentir cómo corre la mirada de mi madre
en los brazos de una piedra.
Mis ancestros vienen con ella
para que germinen las semillas.
La lluvia trae mensajes,
como lo hizo al pelear
con la serpiente en la laguna
y el camarón gigante en el río.
Se detiene al cruzar por el barro y moja su cara.
Saluda a t´ër y nos visita.
Ella siempre nos trae un mensaje
Por eso cuando llueve
sentimos gratitud y decimos:
T´a beno huo pr̀uë
“nuestro hígado está muy feliz”.
(En: Memoria del hígado, 2020).
YAIGÓ TEYO[2]
Los monos bailan,
los bejucos colgados del yaya los miran.
Hojas secas se levantan
ante el brinco de los danzantes.
El polvo crece
como los gritos se pierden
en el eco de la montaña.
Danzan junto al barranco,
con achote de montaña tiñen sus caras.
Unidos todos como un solo espíritu.
La danza sigue,
Los niños la cantan:
jimboro, jiambe, jii
Doronjo, doronjo jii
Jïmboro, jiambe, jíi
Jimbowe jiambe, jíi
Na iyong dłu iyong, jíi
(En: Dbon shricshirc orcuo böǹ / Huella de jaguar, 2019).
Leonardo Porras Cabrera (Costa Rica, 1993): Poeta de la comunidad indígena Brorán, mismo sitio en donde es maestro de cultura, en las comunidades de Bijagual, La Sabana y Ceibón. Es autor de los poemarios Dbon shricshirc orcuo böǹ / Huella de jaguar (Editorial Amargord ediciones, 2019) y Memoria del hígado (2020), merecedor del primer lugar en el “Certamen Brunca”, 2020, en la modalidad de poesía regional, realizado por la Universidad Nacional de Costa Rica. Sus poemas aparecen publicados en revistas digitales y en antologías. Participó en el taller de narrativa y poesía dirigido a jóvenes indígenas y llevado a cabo en la finca Kan Tan (Boruca, Buenos Aires, Puntarenas, Costa Rica). Es es coautor de los libros Pac cró shco (Diccionario pictográfico y enciclopedia de la agricultura tradicional Brorán), Drí (Diccionario-Recetario pictográfico de la alimentación tradicional Brorán) y Qu´ercuó (Reseña del patrimonio cultural del pueblo Brorán/ Terbi del territorio indígena Térraba). Es dueño y fundador del emprendimiento Dúrgo Cacao, en donde los clientes pueden hallar productos de cacao hechos en su territorio indígena Brorán. Posee páginas de difusión en Facebook e Instagram.
CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).
NOTAS
[1] Reinaldo González Gamarra
ÖÖKA BË: Canción del baile popular de la serpiente ÖÖKA, quien se autonombraba Kjogöng, o sea dios supremo, dueño de las riquezas y del rio Tjër di, quien es un ser espiritual de la cosmología Naso que habita en la cabecera del rio Dikës, específicamente en dos lagunas conocidas como Ybäbłëibo, Songwoibo, y en otras lagunas conocidas como: Di dwingna, Zëwoso y Kwëng di, desde tiem- pos inmemoriales. Ööka era venerado por los Nasoga con un viaje a las lagunas donde le bailan sobre una roca, donde debían seguir correctamente los movimientos, ya que el error representaba la muerte.
[2] La danza del mono. *La nota es del autor.
