XXXI
Epifanía nocturna
en la gravedad de la calle desnuda,
estela tras el húmedo día,
luz en la fecundidad galopante
de las otredades,
memoria atravesada
de imponentes cúpulas,
hechizo veraniego de la antigua villa,
viento que sopla en el tejado de los abuelos,
artificio de montaña
en la quietud y el recuerdo.
(En: Íntimos fragmentos, 2019).
XXXVIII
Hemos transitado en plena lluvia
entretejiendo el rostro a la inclemencia.
El vino y la sonrisa en nuestros labios,
mis latidos en la profanación de tu cuerpo,
dureza de la roca sosteniendo
aquel presagio adolescente,
dos pétalos en tu vientre florecido,
reciedumbre que doblega a la penumbra,
invierno efímero
ante la fortaleza de nuestro amor de largo aliento.
(En: Íntimos fragmentos, 2019).
XXXIX
Niebla en tu rostro
pálido en la estocada final,
reminiscencia furtiva
que acaricia la noche,
zumbido de amor
en la mejilla.
Fragmento de habitación ajena
cuyas paredes desteñidas
nos devuelven a la realidad,
ojos que observan
la luz interior de las aguas,
ritmo inacabado como el bolero.
(En: Íntimos fragmentos, 2019).
XLII
Latidos similares en el tiempo.
Aprendizaje del padre en pos del surco
la rueca en la confección del sueño palpitante,
los hijos como raíz y aliento
en la ardua travesía que precede al porvenir,
la perseverante faena
de dar cobijo y calmar la sed.
(En: Íntimos fragmentos, 2019).
XLVII
Hablar
desde el lenguaje del mutismo;
el mundo andante esperando por nosotros.
Penetrar a la esfera desconocida
en una aproximación etérea.
Abrir las puertas de la catedral
tras un repentino soplo de fe.
Naufragar en las profundidades
del amor;
invitación como estallido de cristales,
pedazo roto en copa vacía.
(En: Íntimos fragmentos, 2019).
LII
Vuelvo al poema
como seducción en la escapatoria,
como relicario de orfandades,
como lascivo encanto
en la triste noche,
como hojarasca sin una pizca de viento,
como aluvión que devora la siembra,
como abismo que carcome el sueño,
como derrota cuya consecuencia
oculta la ceniza,
como sombra que se asemeja a tu ausencia,
como relámpago en la intemperie,
como insomnio que deja los ojos inflamados
en el cuerpo del animal en llamas.
Vuelvo al poema…
(En: Íntimos fragmentos, 2019).
Aníbal Fernando Bonilla (Ecuador, 1976): Máster en Estudios Avanzados en Literatura Española y Latinoamericana y Máster en Escritura Creativa por la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Licenciado en Comunicación Social. Docente en la Universidad Nacional de Chimborazo. Ha publicado, entre otros, los poemarios Gozo de madrugada (2014), Tránsito y fulgor del barro (2018), Íntimos fragmentos (2019), la plaquette Caminante extraviado (2024), y larecopilación de artículos de opinión en Tesitura inacabada (2022). Finalista del Premio Nacional de Poesía Paralelo Cero 2018, y del III Premio Internacional de Poesía de Fuente Vaqueros 2023. Columnista de diario El Telégrafo entre 2010 y 2016. Articulista de El Mercurio de Cuenca, desde el 2022, y colaborador en varias revistas digitales. Participante seleccionado en el Taller de Poesía Ciudad de Bogotá Los Impresentables (2022, 2023 y 2024). Ha sido invitado a eventos de carácter literario, cultural y político en España, Nicaragua, Argentina, Uruguay, Cuba, Bolivia y Colombia, como el XV Encuentro de Poetas Iberoamericanos en Salamanca (2012), el XIII Encuentro Internacional “Poetas y Narradores de las Dos Orillas” enPunta del Este (2014), el VI Encuentro de Jóvenes Escritores de Iberoamérica y el Caribe en La Habana (2016), el III Encuentro Internacional de Poesía en la Ciudad de los Anillos en Santa Cruz de la Sierra (2016), o el XI Festival Iberoamericano de Poesía en Fusagasugá (2023).
CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).
