FLORENCIA DEL CAMPO | REVISTA AJKÖ KI No 4

FLORENCIA DEL CAMPO | REVISTA AJKÖ KI No 4

 

 

I.

 

Me dicen que no fui madre.

No.

No engendré un bebé, ¿es eso?

Digo no, respondo sola.

Sola.

Fui madre cuando cuidé de mi hermana,

¿eso?

La llevé al jardín de infantes de la mano, cruzábamos

la calle, no había semáforos

a mi madre le preocupaba especialmente una esquina peligrosa

¿Madre es preocuparse?

Yo me ocupé de llevarla.

O le hice la comida: uno, dos, tres

huevos.

También le pegué, y ella a mí,

¿eso?, ¿madre?

Quizá, puede que no.

No.

 

Fui madre de ese hombre que lloró solo.

Solo.

Yo sentada enfrente.

¿Por mí? Oh, por dios, ¿por mí?

Me llamo Flor, no dios.

No.

Lloraba. ¿Te lastimé?

¿Es eso madre?

Madre, ¿eso?

No.

¿Es eso, madre?

No, un hombre.

Solo.

Lloraba.

¿Qué te hice?

Grité

como una madre.

Y luego lo acuné y le di el pecho.

Chupó todos mis pezones

habitaba mi vagina

en un parto inverso.

Hijo mío, eso, ¿no te alcanzó?

Perdón por lo del llanto.

¿Soy la madre cocodrilo?

Cerré la boca antes de tu boca en mis tetas

tragué hasta tu lactancia

te cuidé cuando tuviste gripe y lloraste como un niño,

mi niño,

te lo di todo, nos devoramos, todo,

eso que siempre es demasiado

y aun así

el cuerpo.

 

Fui madre por dinero.

Prostituta, como un psicoanalista, como cualquier

amor a cambio.

Crucé la ciudad, horas de viaje en trenes sucios,

mi cara descolgada.

Sueño, como una madre

que no duerme por dar la teta

asomada bajo la bandolera.

Me abría la puerta una madre, para desaparecer en el trabajo

y aparecía yo, madre en el trabajo

y la niña que gritaba mamá cuando se iba

¿o me gritaba a mí que llegaba?

¿Bienvenida o despedida?

Mamá esto, mamá aquello, mamá lo otro,

y pasaban las horas, las ocho, las nueve, ¿por cuántas

me habían contratado? Sí,

no, diez.

Las diez horas en mi regazo, en mi cuerpo, en el baño, en mis cosas,

¡cállate! ¡Cállate o te pego! Deberían reducirnos a seis

reducirme a ser una empleada

sin alma.

Mamá.

¿Qué?

No corregir ni una palabra.

Renunciar como un aborto,

no,

un asesinato

(es diferente).

 

Fui madre en cada juego

el bebé de plástico, la cocinita

los años ochenta

y os amé en la mierda

porque en la infancia

esa era mi familia

y familia

lo que se ama en la mierda.

 

No. No fui, pero esta

sí:

madre de mi madre.

Cuando enfermó, cuando enfermaba.

¿Cuándo no enfermaba?

Madre para llevarte al médico

o arrepentirme de haberte tenido.

Quizá desear la orfandad

como quien desea no ser madre.

Madre, tus caprichos, niña.

Cortarte las uñas del cáncer,

pagarle a tu peluquera.

Tu rostro igual a mi rostro,

genes

igual cuando tú joven, yo vieja.

Yo madre, madre.

Pero tampoco.

Puede que no, no

aunque de los hijos de mi vecina un rato

de esa niña que se perdió en la playa

del bebé del supermercado

del álbum de figuritas

cuando soñé que paría

cuando haciendo caca jugué al parto

cuando lloré ante un test negativo,

ah, quizá tampoco.

 

De todos y todas esas, sí,

no,

y de aquel hombre ahora viejo

incluso

porque acunar la ley

fue mi tarea

rogar que legislara la casa

rezar en el nombre de él

todopoderoso

como un bebé-padre que no se tiene

y una madre-boca que se sos-tiene

con un palo

para que no se cierre

que no se cierre

que no se cierre…

¡Cocodrilo!,

que somos carne.

 

Algo estragante.

(En: El hombre del padre 2024).

 


 

II.

 

Nunca se me había ocurrido que a un novio

se le ofrecía fruta

en medio de la tarde.

(En: El hombre del padre 2024).

 


 

III.

 

No quiero hablar con el hombre rubio de comida,

sin embargo, le reprocho que no coma conmigo.

Me dice que tiene que darles de comer a sus hijos.

 

¡Quiero ser la madre de alguien

ahora que alumbro la certeza de no querer hijos!

(En: El hombre del padre 2024).

 


 

IV.

 

Es mi cumpleaños y el hombre rubio no

me llama porque

 

no quiere decir

 

feliz cumpleaños

y no es grave

quizá eso

 

no quiere decir

 

nada.

Solo que me enamoro de un bebé

porque cuando no se es madre

se es también madre.

(En: El hombre del padre 2024).

 


 

V.

 

¿Necesito matar a la poesía

para comer una manzana?

 

(En: El hombre del padre 2024).

 


 

Florencia del Campo (Argentina-España, 1982): Nació en Buenos Aires, Argentina. Vive en Madrid desde el año 2013. Es Editora por la Universidad de Buenos Aires, donde también se formó en la carrera de Letras. Publicó las novelas La huésped (Baltasara editora y Base editorial, 2016), Madre mía (Caballo de Troya, 2017), La versión extranjera (Pretextos, 2019), que fue ganadora del L Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro, y Que tenga una casa (Candaya, 2024). En poesía publicó los libros Mis hijas ajenas, ganador del Premio La Bolsa de Pipas de Editorial Sloper, Las casas se caen en verano (Graviola, 2022) y El hombre del padre (Isla Elefante, 2024). En el año de la pandemia salió su primera novela juvenil: Soy (Editorial Barrett, 2020). Tiene, además, varios libros infantiles publicados en España. Imparte talleres y cursos de escritura creativa en diversas instituciones. Entre sus publicaciones se encuentran: Que tenga una casa (novela). Barcelona, Editorial Candaya, 2024, El hombre del padre (poesía). Mallorca, Isla Elefante, 2024, El libro más triste del mundo (álbum infantil ilustrado). Madrid, Gato Sueco, 2023, Las casas se caen en verano (poesía). Pamplona, Editorial Graviola, 2022, Mis hijas ajenas (poesía). Mallorca, Editorial Sloper, 2020, Soy (novela juvenil). Sevilla, Editorial Barrett, 2020, La versión extranjera (novela). Valencia, Pre-textos, 2019, Madre mía (novela). Barcelona, Caballo de Troya - PRH, 2017, La huésped (novela). Barcelona, Base editorial, 2016, Animanzas (libro infantil ilustrado). Valencia, Legua editorial, 2015, A los saltos (libro infantil ilustrado). Almería, Libre albedrío, 2014, ¿Y si no entro en este libro? (álbum infantil ilustrado). Almería, Libre albedrío, 2014.

 

CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).

*Agradecemos a Margarita Leoz por la recomendación.